
El Doctor japonés Kinitsu Ito, especializado en psiquiatría, inventó esta técnica en 1929, después de 20 años de investigación. Buscaba una curación completa, y no sintomática, para dolencias que la medicina que practicaba en el hospital no podía curar con los métodos clásicos. Creía que "las enfermedades son antinaturales, porque son un estado de pérdida de la fuerza natural que tenemos dentro de nosotros mismos".
Finalmente, encontró la composición óptima del incienso con las propiedades medicinales adecuadas, el tipo de calor correcto para el organismo humano e inventó el utensilio que alberga el incienso y que permite frotar la piel para estimularla.
El nombre de la técnica viene de su inventor "Ito" y de la palabra griega "termos" que significa calor.
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